Demasiada confusión para una sola persona. Ella sonreía, intentando parecer despreocupada. Reía, deseando no sonar paranoica. Su humor cambiante era algo agotador. Al obsesionarse con todo y todos, a veces su corazón se rompía un poco. A pesar de todo, era alguien común y corriente. Era una adolecente normal, alguien más del rebaño. Ella creía haber conocido el amor. Suponía que había estado enamorada totalmente, pero no se acercaba ni un poco a esa definición. Creía que ella era el error en sus relaciones, o sus semi-relaciones. Pero ni ella, ni él, ni ningún tercero tenían la culpa del fracaso. Ella no sabía que era el destino trabajando, para que una tarde, su corazón se diera cuenta del amor que sentía por él. Por alguien que había estado a su lado siempre, literalmente. Por ese chico rubio, ese chico que tanto la hacía reír. Ese alguien que la ponía nerviosa. Por el amor de su vida. Ella se dio cuenta de que lo que había sentido antes no se comparaba con esta sensación. Esta ilusión. Este deseo incontrolable de estar con él. Esa seguridad de que el destino luchó incansablemente durante toda su vida, para que el momento llegara y ella supiera, al fin, que estuvo, está, y estará enamorada de él para siempre. Esa noche, ella supo que el debía estar con ella, que se pertenecían. Que veinte años después ellos estarían juntos. Enamorados. Porque ella sabe, que tarde o temprano el se dará cuenta, como ella lo hizo, que debe estar a su lado. Porque, esta es mi historia
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